domingo, 17 de septiembre de 2017

ANDAMOS COMO ANDAMOS


ANDAMOS COMO ANDAMOS

“Andamos como andamos porque somos como somos.”
El filósofo de Güemes


MANUEL Y GERÓNIMO
Lalo Vázquez G.

Manuel y Gerónimo son dos viejos compadres que se conocen desde chiquillos y siempre han vivido en el mismo ranchito toda la vida.  Un lugar que está olvidado por el gobierno del estado de Guanajuato. Donde nunca pasa algo. Hace apenas un año que les pusieron la electricidad y una que otra persona tiene su televisor. La gente se dedica al campo y eso sí, todos son muy trabajadores. Pero el campo es muy difícil, no da mucho dinero como para hacerse rico y menos con las pocas tierras que tiene cada habitante. ¡Ah! pero eso sí, el ranchito tiene su templo y su bonito jardín que es lugar de reunión de todos lo que ahí viven.
Un día, como cualquiera de los que pasan en el rancho, venia corriendo Manuel rumbo a la casa de su compadre Gerónimo, buscándolo, todo agitado de la carrera que traía. Al llegar a la casa se asomó al corral que tenía una barda de piedra no muy alta, ahí vio a Gerónimo que le estaba dando de comer a unos guajolotes y le grito
 —Geró, Geró ven pa acá, ¿a quién crees que me acabo de encontrar?, ni me lo vas a creer.
 —Cálmate, Mane ¿pos qué traes?
  ̶ ¿Si te acuerdas que dijeron en la tele que un tal Chapo se escapó de la cárcel, un guey pelón?
—¡Ah!, pos creo que sí, ¡hey! Sí, sí que me acuerdo.
—Acuérdate Geró que por ese fulano están dando sesenta millones de pesos de recompensa, hasta dijeron que esa cantidá era la más alta en toda la historia del país, que nunca habían dado tanto dinero.
—¿Y eso qué pues, o qué?
—Pos que el señor ese pelón que se escapó, está sentado ahí en el jardín. Yo mesmo lo vide con estos ojos que se han de comer los gusanos, está con una bola de pelaos mal encarados y todos andan armaos, pero están muy quitados de la pena tomándose unas birongas. Y ahorita mesmo lo voy a denunciar, pero la cosa es que no sé ni a donde tiene uno que llamar, ¿tú no sabrás a que número de teléfono se reportan las gentes que se escapan de la cárcel? ¡Me van a dar sesenta millones! Si tú te sabes el teléfono pos ahí te doy unos mil pesos, ¿cómo ves?, ¿le entras?   
—No, Mane, sesenta millones es muncho dinero; nomas imagínate si te dan todo eso no va a faltar quien te secuestre o no vaya a ser el diablo que hasta te maten por ahí. Además nomas piénsale, ¿onde vas a guardar tantísimo dinero? Y los fulanos esos con los que anda ¿tú crees que se van a quedar muy tranquilos? No, Mane, ni te metas en eso, yo creo que pones en riesgo a tu familia, a tus carnales y pos hasta a los del rancho y a mí también, olvídate Mane, olvídate.
—Hey, pue que tengas razón, no había pensado en eso, ¡sí! sesenta millones es harto dinero, ni modo de tenerlo abajo del colchón. Ya ves que se me fregó la puerta de la casa. Ahora que llovió se hinchó con el agua y ya no cierra, y sí, compa Geró, tienes muncha razón; pa que los arriesgo a todos, voy a hacer de cuenta que nunca lo miré al fulano.

Transcurrió toda la semana sin que los compadres se vieran y era muy raro porque todos los días platicaban. Si no era en el jardín del rancho, era en la casa de cualquiera de los dos. Cuando de pronto de oyó un grito en la casa de Manuel.
—Compadre Mane, compadre Mane, on tá. 
—Acá en mi cuarto, compadre Geró, pásele.
—Venga pa acá, compadre, aquí lo espero.
Cuando salió Manuel de su cuarto y vio al compadre Gerónimo no lo podía creer estaba vestido con un pantalón de cuero color negro, pegadito y una hebilla grande dorada bruñida como cinturón de lucha libre; unas botas picudas de cocodrilo, negras también y de lejos nomás le brillaba un anillo de oro en cada mano; una camisa blanca vaquera con los hombros bordados en cuero negro  formando unos caballos, con un corbatín cerrado con herradura dorada y una tejana finísima, negra. Se quedó Manuel con la boca abierta y le preguntó.
—¿Y eso compadre, a donde vas tan elegante o te vas a volver a casar o qué, de donde sacaste esas garras tan finas?
—No, mi compa Mane, eso no es todo, ven a echarle un ojito acá afuera, nomás pa que veas lo que traigo.

Al salir a la puerta de su casa, afuera estaba una camioneta Hummer H2 de las más lujosas, color negra, súper equipada, con vidrios polarizados, completamente blindada.
Voltea Gerónimo y le dice a Manuel,
 —Eh, ¿cómo la ves?
—A todo dar -contestó Manuel- y pos todo esto se me hace muy raro, ¿cómo le hiciste, te sacaste la lotería o qué?
—¿Te acuerdas que hace ocho días tu vites al tal Chapo en el jardín?
—¿A poco lo denuciates?
—No Mane, fui a buscarlo ese mesmo día y el hombre me saludó muy bien. Yo le pregunté que si ya sabía que al que lo denunciara le iban a dar sesenta millones y nomás se rio, me dijo  ‘no les creas eso, si tú trabajaras conmigo ganarías más dinero’ que lo único que tenía que hacer era cuidarlo y manejar esa troca y me aventó un fajo de billetes y me preguntó  ‘¿quién te dijo eso?’ y pos le comenté que habías sido tú, compadre. Luego me dijo ‘con esa lana cómprate una ropa, la que más te guste y te pones a chambiar conmigo, ya después le vas a llevar un recado a tu compadre de parte mía’, y pos aquí estoy para darte el recado, compadre Mane. Pos dice el famoso Chapo, ahora mi patrón, que yo como soy su encargado de la seguridad que venga y te diga que si por alguna razón lo denuncias, quiere que sepas que te va a cargar la chingada a ti y a toda tu parentela y el mero que se va a encargar de ponerles en toda su madre, pos soy yo, tu mero servidor, con este fierrito que me prestó. Y si no sabe lo qué es yo mesmo de una vez se lo digo: es una pistola 45 con cachas de oro. Así que ya lo sabe, pinche compadre, cállese el hocico y bájele a su pedo o se lo carga el payaso.




POLIRETOCADA
Patricia Ruíz Hernández

El aeropuerto se encontraba abarrotado. Entre  la multitud se distinguía Sandra, una mujer de treinta y cinco años, atractiva, soltera, quien cuidaba en extremo su arreglo personal. Portaba vestuario un tanto llamativo para el promedio de mujeres que caminaban por los pasillos y, cuando viajan, prefieren  hacerlo de manera cómoda, con ropa deportiva, calzado tenis y sin maquillaje. En cambio Sandra nunca perdía el glamur, su cabello recién pasó por la secadora, las tenazas y una nube de spray; en toda ocasión usaba tacón de quince centímetros,  aun cuando fuera totalmente inconveniente, como en un paseo por la playa o un día de campo.  Debía tomar un avión a la ciudad de Los Ángeles, pues tenía cita con un prestigiado  médico  y después aprovecharía para ir de compras. Con frecuencia viajaba por placer o para adquirir ropa y accesorios. Gozaba de una posición económica muy buena ya que sus padres le heredaron un patrimonio considerable.   
Un tanto impaciente por la lentitud con que el personal del aeropuerto atendía, esperaba su turno para pasar por el filtro de seguridad. Cuando le tocó la revisión, el empleado le solicitó el pasaporte y ella lo entregó, enseguida lo revisó minuciosamente.
 —¿Es su pasaporte vigente?
—Ajá, ¿qué no ve lo sellos?
—Disculpe señorita, ¿me puede acompañar a la oficina?
—¿Hay algún problema?
—En un momento lo resolvemos.
—Lo hago a usted responsable si pierdo el vuelo, por su ineptitud –dijo enojada.
El empleado acudió con el jefe de seguridad para mostrar el pasaporte, explicando que la foto no correspondía con la mujer que tiene enfrente.
—¿Es usted Sandra Del Valle?  -interrogó el jefe de seguridad.
—Sí.
—¿Puede explicar por qué la persona que aparece en la fotografía no es usted?
—Por supuesto que soy yo.
—Es normal que las damas cambien su aspecto, pero esto se sale de toda proporción.
Siguió un largo interrogatorio para aclarar el malentendido, quizá fuera necesaria la presentación de otros documentos o el reconocimiento de las huellas dactilares. Sandra recordó cómo llegó a esta situación y así lo narró al oficial del aeropuerto.

Dos meses antes se encontraba postrada en la cama de un hospital, después de salir del quirófano donde se sometió a una intervención quirúrgica estética del rostro, que a decir de los médicos fue todo un éxito. Conectada al suero, por enésima vez padeció dolor, no obstante lo soportó con entereza, pues sabía que era el precio que tenía que pagar. Los siguientes días fueron de molestias e incomodidades, su cara estaba  hinchada y amoratada, no era la primera vez que vivió esto, y seguramente no sería la última.
Más tarde, llegó su amiga Cecilia. A pesar de contar con numerosos conocidos y supuestos amigos, ella era la única que la visitaba, aquí se aplicaba lo de en la cama y en la cárcel se conoce a los amigos. Intentando ser útil le ofreció algo de comer, pero Sandra lo rechazó. 
—Odio la dieta del hospital, ¡No me gusta! -exclamó Sandra
 —Trata de probar un poco, una vez que salgas, comerás lo que te gusta. En unos días el doctor te retirará los puntos.
—Debo contarte que antes de esta operación, fui con otro doctor que me sermoneó, según él es innecesaria cualquier intervención quirúrgica, me dijo que no debo arriesgar mi vida.  El infeliz mencionó que necesito tratamiento psicológico porque soy adicta a las cirugías estéticas.
—Yo no te juzgo, tú decides lo que es mejor para ti, si te hace feliz operarte pues hazlo, es tu dinero y tu cuerpo.
—Gracias por tu apoyo. Así que mandé a volar a ese doctorcito y me busqué otro.


Sandra tenía la ilusión de verse al espejo y encontrar un rostro y cuerpo hermoso. Cuando veía su reflejo, solía sufrir depresión, todo en ella le desagradaba.  Sin embargo,  no tenía por qué resignarse, la ciencia médica debía estar a su servicio, no escatimaría esfuerzos, costara lo que costara.  Se soñaba bella y perfecta, sin los defectos de nacimiento. Hay quien estúpidamente llamaba a su padecimiento obsesión.
—Las personas que conozco no me expresan honestamente lo que piensan de mí, hablan a mis espaldas, los escucho cuando dicen que soy narcisista, vanidosa y adicta al bisturí. Son crueles conmigo, hasta me han llamado mutante o adefesio. 
Cecilia no dijo nada, su papel era apoyar a su amiga, aunque sabía perfectamente que abusaba de las cirugías. Creía que no tiene caso hablarle con la verdad, pues Sandra estaba acostumbrada a hacer su voluntad, no entendía razones y lo único que provocaría sería perder su amistad.
Por su parte, Sandra debía soportar las burlas y las murmuraciones de las personas que cuchicheaban a sus espaldas, pero después de todo lo que ha sufrido, confía en el futuro. Será feliz cuando se convierta en una hermosa mujer.  Ella se consideraba como una oruga, deslucida y fea, pero tiene esperanza que ocurra el milagro de la transformación y al igual que una mariposa, surja de los vendajes convertida en un ser bello, sólo tiene que ser paciente y esperar con optimismo la metamorfosis.


El jefe de seguridad finalmente pudo observar en su cara algún rastro de lo que ella fue, convencido de su identidad le permitió partir.



*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

domingo, 10 de septiembre de 2017

LOS RITMOS OCULTOS DE LA VIDA


LOS RITMOS OCULTOS DE LA VIDA

“Llamo poetas no solamente a los que introducen un ritmo en el lenguaje, sino sobre todo a los escritores que saben y hacen oír los ritmos ocultos de la vida. En cuanto una obra sugiere esta impresión de cambio regular de un tema, de una actitud, de un pensamiento, introduce en el desorden de las cosas una armonía inteligible y se convierte por esto en una poética. El tema puede ser un tema natural como el cambio de las estaciones o el movimiento de las olas.”
André Maurois: Dickens, 1937


El desorden las de las cosas... se transforma en armonía inteligible. Se vuelve poesía. El gran escritor francés, André Maurois, dedicó gran parte de su obra literaria a estudiar a otros autores, entre ellos Dickens. Al señalar que el poeta sabe oír y hacer que los demás escuchen los ritmos ocultos de la vida indicó la pauta que guía a muchos escritores: Hacer que el lector escuche. Nuestros compañeros del Diezmo de palabras virtual, aportan sus textos para que usted los oiga, a pesar de la distancia y el tiempo.


            Queremos mencionar con todo respeto a nuestra compañera del Diezmo virtual, la joven escritora quien con el nombre de Denisse Dacroiss dejó un legado de amor, paciencia y entusiasmo a pesar del cáncer, que a la postre sería la causa de su prematura muerte en el mes de agosto pasado. Ella misma se definió en ocasión de la presentación de su primera novela, Alasthor, el príncipe maldito: “Escritora de novelas, joven, alegre, divertida, fresca, amorosa, amante de su familia, trabajadora, una persona confiable, gran amiga que lucha por la vida, sobreviviente del cáncer. Escribe novelas románticas, fantasía y épica medieval. En todos sus escritos encontrarás un claro mensaje: Nunca te rindas en perseguir tus sueños, descubre a través de sus letras la determinación y el coraje para ser alguien grande, ese alguien con el que siempre has soñado ser. Encuentra en la pasión de tus palabras tu motivación.”
Ella nació en el 3 de enero de 1985 en Celaya. Descanse en paz.
JEM

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SIN UN NOSOTROS
Diana Alejandra Aboytes Martínez

Los solos son esos locos que aman
aún sin el pronombre nosotros en los brazos.
Desnudos, como ángeles equivocados
como soles rojos en un bosque oscuro.
Con labios que buscan la boca
y en su fiebre inventan besos
para que un relámpago dé luz
a la incesante muerte que los llama.

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FIAT LUX
Gastón Molinares

Lo que me falta
es aliento
hacer a una flor crecer en pavimento.
Durante la calle grito por el aire
y voy sordo por el tiempo,
cada hora es una en el cuerpo construido,
una lámina de plata
entre eso que separa.
Uno dice hágase la luz
y sopla fuego.



CONJUGACIÓN
Bertha Cárdenas

Amar, querer, odiar, desear,
besar, hablar, cantar;
versos en infinitivo
me ha tocado conjugar,
aunque mi gerundio amado
da por hecho haber amado,
en estos y otros tiempos amatorios.
El querer era queriendo mucho a mi querido,
y en años postreros el hastío nos llevó a odiar,
y odiando haber odiado lo más sentido,
pero al desear de nuevo tu calor
y deseando el olor a Givenchy
tengo que conformarme con lo deseado.
Al besar tu fotografía soy feliz besando
todo lo posible besado,
y quiero contigo hablar
y que tranquilos estemos hablando
de lo que hasta la saciedad hemos hablado,
y ya después de nuestros sentimientos cavilado,
cantar sonrientes y apasionados,
cantando vítores a la vida
y al amor canciones
que muchos autores han cantado.
Sintaxis, sé benévola conmigo
me traiciona el subconsciente
tan inconsciente con mi consciente.

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LEVÁNTATE Y HABLA
Gabriela Cázares

Levántate y habla
lengua mía
despierta en tu saliva
el paraíso y el infierno
haz que a mis ganas
les crezcan ojos
para palpar tu carne
de verso nido.
Levántate y anda
y al andar
haz andar al mundo
porque tu pie desnudo
es raíz de frutos
que preñan el mundo
cuando danzan
en la estéril tierra
de éste mundo
sin mundo.
Levántate y háblame
voz de verso
que la campana de tus labios
me convoque
al altar de tu silencio
donde en ritual de agua
me bautices
y nazca yo en tus labios
a éste paraíso.
Levántame, ándame
teje con tus sueños
la red infinita
en que ávida de mi
voy a tu encuentro
para ser eternidad
en cada instante
y besar en tus ojos
la finita infinitas
de este rincón de muertos.

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A SOLAS
Bertha Cárdenas

A solas
cuando nadie me ve
empiezo a desnudar mis pensamientos
suelto el listón de mi cabellera
y los rizos como serpentinas desbocadas
en el vaivén de la libertad
me dan sensación de paz.
Cae mi vestido de canesú y olán vintage
seguido del corsé
que ahogaba mis más dulces recuerdos,
la crinolina de encajes
por demás de exquisita tersura
que acompaña siempre el andar de mis extremidades
que tiemblan al más mínimo roce de la nostalgia,
los zapatos vuelan por el aire
viendo cómo después de haber andado caminos sinuosos
descansan de la carga de embates febriles y turgentes,
de ahora en adelante caminarán sobre alfombra de templanza.




MUERTO A POLVO
Martín Campa Martínez

De vivo a muerto,
de muerto a polvo,
una vela encendida
como mis huesos.
De carne a luto,
de luto a llanto,
la tragedia mordiendo
mis pupilas rotas.
Un recuerdo que pasa,
un áspero pésame,
mis hijos que gimen
con olor de ausencia.
Un rosario perpetuo,
una sábana limpia,
son tantos murmullos
para quien se queja.
De luz a invierno,
de invierno a lluvia,
filosa daga:
mi despedida.

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FURIA CONTROLADA
Joselo Marinozzi

Soy de genio dócil, suave al expresarme, sé escuchar e hice de esa virtud mi carta de presentación. Cualquiera que necesite hablar sabe que puede contar conmigo. Sin embargo a veces me planteo qué me separa de ser un asesino serial, alguien a quien la exasperación lo llevase a tomar medidas drásticas sin medir las consecuencias. Tal vez la falta de dinero para comprar un arma, pero no es así. Quizás el miedo a perder la libertad, podría ser. En realidad no sé cuál es el freno pero día a día y desde hace bastante tiempo, siento que solo una delgadísima pared me separa del asesino que nadie se imagina tener en frente.
Esa sensación la venía sintiendo, al principio cada tanto… pero ahora, cada vez más frecuentemente. Soy una persona inteligente y me enerva la desfachatez, ese descaro con el que algunos pretenden sentirse superiores cuando en realidad el cuero no les da más que para mantenerse callados. No conformes con desconocer que están frente a una persona que sabe más y que piensa, quieren decirte cómo vivir, qué es lo que necesitás y cosas así por el estilo. Cuántas veces he imaginado que mi otro yo sale de mi cuerpo y realiza lo que me está vedado. “¿Eh amigo te limpio lo’ vidrio?”, bala en la cabeza. “Yo creo que…”, bala en la cabeza. “¿Sabés lo que haría yo?”, bala en la cabeza. “Yo como Quinoa porque…”, bala en la cabeza. Rapado al costado y largo arriba, bala en la cabeza. Capucha sobre la gorra, bala en la cabeza. ¡Si señores! Lo reconozco, soy un asesino serial en estado latente.
Ahora parado aquí me arrepiento de no haberlo hecho, mientras el hilo de sangre casi toca mis pies y ese cuerpo con un hoyo en la frente, no puede ya mirarme aunque tiene los ojos abiertos. Me arrepiento de no haber desfogado mi ira en toda su magnitud. Siento las sirenas. Acabo de matar la única parte de mí que quedaba viva. La otra parte de mí, se murió el día en que tuve que reconocer el cuerpo de mi hijo, mi niñito de 18 años en la morgue judicial. No permití que todo mi ser muriera ese día, necesitaba estar vivo hasta hoy. Ahora ya soy un cadáver viviente.
La secuencia la repito mentalmente una y otra vez desde hace más de seis años: Compra de la moto, entrega a mi hijo, felicidad, meses yendo y viniendo a trabajar, timbre a las dos de la madrugada, policía, noticia, dolor insoportable, reconocimiento en la morgue, desesperación, robo fallido, asesinato a sangre fría, cámaras de vigilancia, atrapados en otro robo, alivio momentáneo, menores, 16 y 17 años, liberación de los culpables, libres en su casa, terapia, muerte de mi esposa, vacío, pensamientos suicidas, sale el asesino interior, sed de venganza, enfermedad, poca vida por delante, seguimiento, emboscada.
Cuando los tuve sentados y atados frente a mí, me quedé un rato solo contemplándolos, traté de buscar en lo más profundo de mi interior el perdón pero no lo encontré. Uno se dio cuenta antes que el otro que sería ajusticiado, se orinó encima antes de morir. El otro rogaba por su vida pero yo ya no escuchaba, quizás tampoco eran ellos los culpables de ser lo que eran pero yo no estaba en este lugar como asistente social, solo como un mero vengador. Ahí está su cuerpo inerte.
Soy un tipo tranquilo con un río convulsionado por dentro que pujaba por salir. Hice lo que tenía que hacer.

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SOMBRA
Alfredo García

Cuando Drácula se dio cuenta de que todos los cuerpos excepto el suyo hacían sombra al estar ante la luz, se sintió deforme, se acomplejó, y se fue a vivir a donde nadie gozara su desgracia.

HÉROE
Alfredo García

No me lo crean si no quieren, pero lo que digo es cierto, mis papás y mis abuelos me lo han contado: el limosnero que llega a la escuela con su silla de ruedas en otros tiempos fue un gran héroe, defendía a los niños, a los ancianos, a todos los desvalidos, lo llamaban Supermán.

RESCATE
Alfredo García

Cierta ocasión una hormiga vio su rostro reflejado en uno de los ojos de un gato. Y valientemente se introdujo en este para rescatar lo que consideraba el robo de su alma. En varios días nada se supo de ella; mas cuando el gato ya había olvidado el suceso, la hormiga salió del ojo contrario con su alma en sus pinzas.

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SOMBRA DE FUEGO
Martín Campa Martínez

No me dejes morir solo
en esta roca de lumbre.
¡Mira!, cómo me tienes.
Soy un ventarrón sin fuerzas.

A tus órdenes me pongo,
pero tú nunca me nombras.
No sabes cómo me duele
padecer tu indiferencia.

No me dejes morir loco,
sufriendo por tus desplantes,
¿qué acaso no me quieres?

Arrástrame en tus pupilas.
Abandóname en la playa.
¡Voltea a mirarme, insensata,
levántame este castigo!

No me dejes morir solo,
como una sombra de fuego.
Arrópame en tu hermosura
o líbrame de tus buitres.

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LLUVIA DULCE
Diana Alejandra Aboytes Martínez

Inició la llovizna.
La humedad fue regando los espacios.
De entre ellos asomaba un capullo en flor.
Las gotas resbalaban por sus pétalos.
Ella, ansiosa, lo tomó con las manos.
Sus hojas abiertas parecían ofrecerse al tacto,
así que deslizó con suavidad los dedos entre ellos.
La caricia les vino bien, pues parecían crecerse ante esto…
Al cabo de un rato sucedió la tormenta.
Después, densa calma.
La chica cerró la ventana.
Afuera comenzaba a llover.




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*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

lunes, 4 de septiembre de 2017

LO BUENO, SI BREVE, DOS VECES BUENO


LO BUENO, SI BREVE, DOS VECES BUENO

Cuando Baltasar Gracián escribió el Oráculo manual y arte de prudencia, anticipó en varios siglos la literatura breve y sus contenidos. En el Taller Diezmo de Palabras hay algunos participantes que han destacado en el género. Presentamos el trabajo de dos de ellas. Ambas escriben, pintan y fotografían la vida y los sueños. De su obra seleccionada para antologías en México y España, compartimos las siguientes historias breves. Que son doblemente buenas. Vale.
Julio Edgar Méndez

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VIAJE A LA IGNORANCIA
Rosaura Tamayo
II Concurso de Cuento Breve Viajes

Desde niño mi mejor amigo fue la rebeldía. Mi madre sufría por no poder hacerme entender las reglas. Mi abuela decía que vivía enojado. No me gustaba que me abrazaran ni dieran muestras de cariño. Cuando cumplí quince años entré a una escuela preparatoria para salirme de ella. Después entre a otra y salí mal con la directora y alumnos. En otra me despidieron con honores. Mi madre en vano trataba de reparar mi problema. Un día me dijo:
—La puerta no tiene cerrojos ni te tengo amarrado. Puedes irte cuando quieras a hacer una vida libre fuera de la casa.
Tomé una maleta con cosas personales, un par de libros y el pensamiento de ser un dios. Comencé un viaje por el hambre y la desesperación. Comprendí que vivir en una casa cuesta esfuerzo y mucho dinero. El querer comer tres veces al día no te lo da un árbol. El mundo está lleno de personas que quieren explotar tu juventud y falta de preparación. En esas noches frías dormido sobre una cobija, deseaba tanto un abrazo de mi madre o un regaño de la abuela.
He regresado a casa, a mi madre se le ilumino el rostro al verme. Le he pedido que si me puedo quedar un tiempo más y ella, con una sonrisa me ha dicho que sí. Mi abuela murió sin poderme despedir de ella. Ya no grito a mi progenitora y menos aún digo que no estoy conforme con lo que tengo. Ya he terminado la preparatoria y estoy por entrar a la profesional. Mi viaje me enseñó que hay que agradecer lo que se tiene y no renegar por lo que se carece.

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CHISMES VACÍOS
Rosaura Tamayo
II Concurso de Micronarrativa Vivir y Contar

Soledad mira que el vecino de enfrente se va a trabajar y su mujer en pocos minutos sale con sombrero y lentes. Después, escucha la conversación de su travieso vecino que se pone de acuerdo para una cita con una mujer que no es la suya. Le encanta enterarse de chismes de su calle y colonia.
La olvidada mujer vive divorciada, sin hijos. La rodea la ignorancia, el trauma de su infancia. Tiene que vivir y contar de los demás, puesto que no hay nada interesante en su propia vida.



TESORO QUE BRILLA
Rosaura Tamayo
I Concurso de Cuento Breve Héroes Cotidianos

Siempre he sido un fanático de los súper héroes. De muy pequeño guardaba las estampas y llenaba todo los álbumes. Nunca dejaba de comprar mis historietas a fin de mes y una en especial que se publicaba cada quince días. Ahorraba toda la semana y hacia pequeños trabajos para juntar ese dinero.
Ya estoy en la universidad, guardo tan celosamente mis colecciones. Todas ellas han subido de precio por la antigüedad y más por el estado en que las he conservado. No falta ningún número o estampa. Hace tiempo me deshice de los trajes de personajes que usaba de niño, que ahora sólo guardo en fotografías. Los doné a un asilo e hice feliz a muchos niños.
Un día mi pequeña hermana enfermó y necesitaba una operación costosa en sus ojos. Pronto en internet encontré a quién comprara mi almacenado tesoro. Vendí todas mis colecciones que atesoré con años de esfuerzo y dedicación. Lo que recaudé lo utilicé para la operación de mi hermosa niña.
De repente me convertí en un súper héroe de verdad. No vuelo, no soy conocido, no soy inmortal y quizá poco me van a recordar. La pequeña me ha agradecido lo que llama “un sacrificio”. Lo inolvidable de todo es que sus ojos brillan de una forma mágica. Ahora soy un súper héroe que la llena de amor en cada instante y los pequeños del asilo, cuando los visito, me llaman “El súper señor de los regalos”.

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GRANDEZA
Rosaura Tamayo
Vamos al Circo Mini Ficción Hispanoamericana

Fiódor, el elefante africano más viejo del circo Hermanos Karamazov, con 60 años y toda una vida en el circo, no necesita que lo amarren o lo lleven a su carpa donde duerme, él lo hace solo sin problemas. Fiódor guarda en su mente las generaciones que han pasado por esa carpa. Los bisabuelos iniciadores, los abuelos que le dieron el impulso y crecimiento al circo y a las presentaciones. Ahora, los hijos, más preparados y desarrollándose en el arte de entretener bajo ese cielo cubierto con estrellas de lona. Ha vivido tantos años en cautiverio por el trato humano y  amable de sus entrenadores. Ya no puede hacer las proezas de los jóvenes elefantes, pero permite con toda serenidad que los pequeños traviesos lo monten para una alegre fotografía donde curiosamente levanta en alto sus grandes orejas y trompa. Ya no le queda mucho de vida, su cuerpo está viejo y desgastado pero su memoria guarda las risas de los payasos, los aplausos del público, el sonido de la gente cuando comienza a llenar la carpa. Sobre todo a aquellos que se arriman a contarle sus penas y decepciones. Duerme con una sonrisa, sueña con los escenarios que guarda en imágenes en esa enorme cabeza adornada con sus largas orejas y un cerebro que acumuló como película las grandes historias de un rodante circo con generosos dueños.

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REENCUENTRO
Rosaura Tamayo
II Certamen de Microrrelatos de Amor

Se encontraron Gloria y Sergio veinte años después de que habían estudiado la secundaria juntos. Ambos se contaron que ninguno se había casado. En eso le dijo Sergio:  — Te apuesto Gloria, ¿a que no te casas conmigo? Ella le contestó:
—Te apuesto Sergio, que sí me caso.
¿Quién adivinaría que el amor traspasó la distancia y el tiempo? O fue el no querer perder la apuesta, o que sería su último tren, o simplemente hubo flechazo. Pero se casaron y han durado muchos años juntos.

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POSITIVO Y NEGATIVO
Rosaura Tamayo
I Concurso de Microrrelatos Magia y Espadas

Florinda la yerbera, toma un vaso de agua. Se le escucha un murmullo de oraciones y una total concentración en ese trasparente líquido. La enferma recostada en la cama con un intenso dolor, apenas es iluminada con la tenue luz de las veladoras. Florinda le arrima el vaso con el líquido y se lo da a beber. La enferma lo toma y se recuesta nuevamente. Y entra a un profundo sueño. Poco a poco se le va cambiando ese color verdoso, primero a amarillo y después a un tenue rosado, las facciones del rostro se le suavizan y su respiración se vuelve más constante. Sus músculos se van relajando y la temperatura del cuerpo comienza a normalizarse. Después de ello la paciente abre los ojos y emite una sonrisa, se sienta con facilidad. Nada le duele, su cuerpo enfermo se está regenerando. Florinda la ayuda a levantarse y sólo le dice que su positivo y negativo están en armonía.



BAILE SIN SONIDO
Rosaura Tamayo
II Concurso Literario Micronarrativa La Mujer Mueve al Mundo

Marcela salta, brinca, y baila, la mejor de su clase de danza. Pronto van a ser audiciones para escoger a las mejores. Tiene un accidente, pierde el sentido del oído. El día de la selección, llega con un vestido que asemeja harapos. Comienza a bailar de una forma que atrapa. Los jueces notan que no va con la música. Antes que le digan algo, ella les dice:
—Tuve un accidente, perdí el oído, no escucho más que silencio, pero aún tengo sentido de la danza y la belleza, y eso mueve mi mundo.

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EL APRENDIZ
Rosaura Tamayo
II Concurso de Microrrelatos Queridos Fantasmas

A Emilio le gusta cocinar, igual que a mí. Él tiene poco tiempo en la cocina, sin embargo, yo tengo mucho tiempo aprendiendo de la infinidad de gente que llega a preparar cosas nuevas y platillos de tradicionales. Ahora Emilio es mi discípulo. A él le voy a enseñar todos mis secretos culinarios. A veces no me entiende y otras no me hace caso, quizás por la rutina o el mucho trabajo que siempre tiene. Pero él es la primera persona con la que me puedo comunicar del Más Allá sin que se asuste.



EL RELOJ DE CUERDA
Soco Uribe
Concurso de la Librería El Péndulo

Tras la muerte del abuelo, quedé devastado. Al día siguiente, tomé su reloj de cuerda, mi brújula, un plano del País Vasco, mi cartera, la foto de mis padres con el abuelo, un par de mudas de ropa y salí de casa.
La buena relación que mantuve con él había prevalecido hasta su desaparición física de este mundo.  Sus últimas peticiones y consejos, los plasmó con anterioridad en una carta que decía:
Querido Felipe, mi amado nieto: quiero que cuando me vaya, durante cuarenta días,  dirijas tu vida siguiendo el rumbo que marque la manecilla grande de mi reloj y la traslapes sobre la carátula de tu brújula.
Cada vez que despiertes, estés donde estés y sea la hora que sea, seguirás el rumbo marcado por esa manecilla. Recuerda, ubica siempre el Norte primero y después haz la maniobra que te he pedido.  Siempre estaré contigo. ¡Nunca lo olvides!
Te quiere infinitamente, tu abuelo.
El “txirimiri”, con su fina y apenas perceptible lluvia, no se detuvo desde su muerte hacía tres días; no obstante, me encaminé para cumplir su encomienda.
Me costó un gran esfuerzo seguir sus indicaciones.  En ocasiones, sobre todo en los días en los que comía lo mínimo y sólo bebía la suficiente agua para seguir mi camino, temía claudicar en tan enredosa tarea. Además, por momentos, sentía que todo era en vano. Por mucho esmero que pusiera en marcar los rumbos exactos de mis recorridos, éstos parecían erráticos. Creí que burlonamente, el reloj y la brújula me ubicaban en el mismo lugar que, hacía un par de semanas, había pisado.
No obstante, después de los cuarenta días marcados por mi abuelo en su carta, coincidentemente, llegué a la cima de una montaña.  Desde ahí, pude contemplar la extrema belleza de un atardecer cubierto por un velo de neblina, sobre el Atlántico. Quedé absorto dentro de ese maravilloso escenario. Comprendí que la luz del sol que se extinguía entre la bruma era el alma de mi abuelo.
Tranquilo, regresé a casa. Comprendí que mi viejo sabía que me sería muy dolorosa su partida y montó todo este teatro para evitarme un sufrimiento mayor. Recordé, entonces, una ocasión en la que me dijo:
–“La cuerda del dolor cede, cuando dejas de darle cuerda… como a mi reloj”



*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.



ANDAMOS COMO ANDAMOS

ANDAMOS COMO ANDAMOS “Andamos como andamos porque somos como somos.” El filósofo de Güemes MANUEL Y GERÓNIMO Lalo Vázquez...