domingo, 19 de noviembre de 2017

DE TERREMOTOS EN LA ESCRITURA


DE TERREMOTOS EN LA ESCRITURA
-Sobre la novela de Alí Rendón,  Lo que escuché mientras caía-
Por Elizabeth Vargas Quince

¿Qué se puede esperar de una primera novela? ¿Qué se puede esperar de un autor que adoptó hace mucho tiempo el mantra de “No soy escritor”? ¿Qué esperar de una obra que transita por el sismo del ‘85 ahora que otro sismo nos agrieta la esperanza?
            La primera pregunta se podría responder con la novela misma. Hablo de la novela “Lo que escuché mientras caía” del celayense Alí Rendón, editada por el sello independiente Editorial Montea, de León, Guanajuato. De una primera novela se puede esperar lo mismo que de un primer terremoto, es decir, que venga una réplica, ya de los lectores, ya de sus posibles revisitadores o del tiempo..., y que regrese el espanto de la tragedia que puede ser la condición humana al tiempo que se duda del suelo movedizo sobre el que nos arrodillamos a rezar, que se le implore por que nos deje levantarnos.
            Incluyo un fragmento de Lo que escuché mientras caía:
«Días después [del sismo], en el diario “El vocero de Guanajuato”, yo publiqué mi primer anuncio clasificado: ESCUCHO TUS PROBLEMAS. LLÁMAME 3-51-71. 21:00-00:00hrs. VALENTINA CANSINO. ABSOLUTA DISCRECIÓN
Mi nombre nunca sería Valentina Cansino, pero creí que les daría confianza a las personas para contarme sus secretos dolorosos. La gente me telefonearía de noche. Esto ahora me recuerda al niño que pide un cuento antes de dormir, como si la historia fuera un escudo en las tierras desconocidas del sueño que tanto emparentamos a los continentes que tiene la muerte. Quizá nadie en ésta última frontera se resistiría a un recién llegado con una buena historia. Hasta podría ser la llave para hacer buenos amigos. Nadie serio llamó durante mucho tiempo. Imaginé que cuando lo hicieran, por lo general algún martes gris o un domingo por la tarde, sabría que se trataría de algún solitario, un tipo o una tipa pidiendo escuchar a alguien que le dijera que le comprendía, un interlocutor imaginando a una mujer de nombre Valentina escuchándole alarmada, asombrada, y quizá hasta llorando. Luego se darían cuenta de que era (y soy) hombre; dudarían, y este sería mi primer filtro. Los que decidieran colgar pasarían por un proceso de maduración de sus problemas hasta que, con suerte, llegarían al punto de volver a llamar ya más decididos. Los que no cortaran la primera llamada, sufrirían la picadura de la curiosidad, habrían escuchado algo que “no estaba bien”, algo que parecería una broma. En este punto había más posibilidades. Algunos se enojarían, otros simplemente no serían sinceros y otros más empezarían a molestarme con frecuencia. Pero una vez que diera con uno de los buenos, escucharía una historia, buena o mala, pero escucharía una y entonces quizá podría después redactarla. Uno de estos buenos narradores se reconoce por la textura que agarra su voz, por las grietas como raíces, y toda caída es raíz, digo yo; entonces comenzaría presionando un botón en el aparato viejo de telefonía del trabajo y se comenzaría a grabar la conversación en un microcasete. A veces los interrumpiría -eso los dejaría más interesados- para acercar algo de música con una radiograbadora. Pondría algo que quizá no hubieran escuchado, no sé, Chacona en mi menor. El caso sería que ya en este momento vería la sombra del ahorcado en la semilla del árbol. Hay algo importante: les aclararía varias veces que no resuelvo problemas, ni doy consejos. Yo sólo escucharía. Me contarían cosas que podrían ser verídicas; pero ellos tenderían a magnificarlas, luego empezarían a corregir el pasado. Yo les preguntaría más y llevaría la charla hacia donde quisiera. Sería el último sinodal de sus mentiras; los forzaría a que inventaran algo sobre la marcha que tuviera más brillo y esta improvisación podría convertirse en creación. ¿Por qué se iban a dejar confesar así? Les haría la promesa de contarles sobre mí al terminar ellos su relato, de por qué me hacía llamar Valentina siendo que soy hombre. Casi nadie se resistiría. Y así como lo imaginé terminó siendo casi dos años después (por ahí del ‘87). La primera persona que dijo que terminaría con su vida no se resistió nada. Siempre, mi interlocutor y yo fuimos como dos niños turnándose el papel del padre (o la madre) que cuenta un cuento antes de dormir. Sólo que yo nunca tomé el papel del niño que ya no despertaría mañana.»

            En una entrevista para la sección de Escritores Mexicanos Nueva Generación del portal Suplemento de Libros, el editor y periodista cultural Nahum Torres Rivera escribió:
            «Nacido en 1980 en Celaya, Guanajuato, Alí Rendón debuta como novelista con “Lo que escuché mientras caía” (Ed. Montea, 2017), obra en la que los personajes están inmersos en una especie de catástrofe existencial similar al derrumbe del sismo del ’85; sin embargo, lo vital se va apoderando de las 220 páginas, por lo que la tragedia se va superando mediante una incansable búsqueda del verdadero amor por parte del narrador-protagonista, Juan Chávez, quien rememora sus ligues fallidos intentando superar aquel momento en que un doctor le tocó los genitales y lo besó.»
            Quiero hacer hincapié en esto último, el beso que sufre de parte de un hombre, pues significa para Juan Chávez, personaje en ese momento adolescente, una maldición y una fractura en ese constructo psicológico llamado identidad masculina. Será ese beso, a partir de entonces, el opuesto a aquel beso mítico que despertó a La Bella Durmiente, una maldición para Juanito Chávez. Y un sueño profundo y encantado, será el que caiga sobre la madre de Juan, Betty Novaro, en forma de una enfermedad llamada simplemente “letargia”. Así se establece un juego muy sutil con ese arquetipo de cuento de hadas, que subyace en el andamiaje de una novela que podríamos resumir como de corte realista si no hacemos caso a otros escarceos con la literatura fantástica que hallamos en, por ejemplo, el planteamiento de una extraña hipótesis -“La Teoría del Surf Tectónico”, como le llama uno de los personajes- que parece haber sido la única explicación plausible de que un edificio, conocido como La torrecita, no sólo no hubiera sufrido los mismos daños que las edificaciones vecinas durante el sismo, sino que aparte se hubiera desplazado varios metros como si fuera un surfista sobre una gigantesca “ola de tierra”. También lo fantástico parece subyacer en algunos personajes como la Camposantera, una suerte de sepulturera que tiene una prótesis de pinza en vez de la mano derecha que Juan Chávez mira como si fuera una de las llaves de san Pedro. O en Sonia, una mujer que mientras habla parece transmitir simultáneamente una voz de niña haciéndole segunda.
            Esos me parecen los únicos elementos cuasi-fantásticos que se alcanzan a vislumbrar en la novela en una primera lectura, aunque podría agregar el anacronismo que comete la novela, alrededor del año ‘95, al mencionar a un superviviente imposible del infausto Domingo negro cuyas explosiones convocarían, hasta el ‘99, el infierno en Celaya. Me confunde también hacia esa dirección de la fantasía el hecho de que las descripciones que hace Rendón de los ambientes me parezcan insuficientes, es como si también el sismo se las hubiera llevado. Parece, mejor, invertir su descripción en otras cosas, como en decirnos a qué huele el fantasma de una víctima del sismo: «Sonia y yo fuimos a ver el lugar el sábado. No le dije nada; pero para mí entre la contaminación estaba el aroma inconfundible de un fantasma: algo entre sudor, madera resinosa y un hilito de humo de guayaba quemada en un comal sordo». O en presentarnos de forma muy atípica lo que es un hombre: «Es óvulo de su madre la mitad superior de un hombre».
            Al protagonista parece agobiarle tanto la realidad que le termina brotando, por episodios, un zumbido en los oídos, un tinnitus imbricado en todo lo fuerte que le sucede. Este acúfeno -que me recuerda a ese zumbido semejante a una motocicleta gigantesca que ruge en las escenas de ciudad en Blade Runner 2049, pero en un tono agudo- es como si fuera un finísimo hilo de acero al cual Juan Chávez tiene que sujetarse para llegar hasta el final de un laberinto de escombros, pero al costo de sangrar ante su filo.


La cuarta de forros consignada al editor Adrián Martínez fue ligeramente censurada. En su versión más fiel a la obra intentaba resumirla así:
            «Para el mundo del telefonista Juan Chávez, oscurecido por un abuso en la adolescencia, el perdón puede ser una ventana. Pero esta búsqueda de luz lo vuelve una doctora corazón -con el alias de “Valentín Cansino”- y le revelará su ser más gris y su mayor dilema. De las tres mujeres de su vida: una madre poeta que está enferma de letargia, una esposa protectora, y una amante afectada por el terremoto del ’85 en México, tendrá que elegir con cuál permanecer, y tomar en cuenta que sólo podrá destruir a una de las dos restantes.
Este joven telefonista no atina sino a vivir en continua protesta y registrando en un cuaderno los días que marcaron su identidad entre abusos en la adolescencia, el terremoto del ’85, las llamadas de la gente contándole sus problemas, y una madre afectada por su pasado, y por un terrible letargo, a la cual intentará inmortalizar a través de la publicación de sus poemas. Por si fuera poco, su esposa está dejando ver secretos y de pronto surge una amante que parece albergar la voz de una niña que habla a través de su vagina.»
Retomo y contrasto la introducción de Nahum Torres:
            «En esta novela rosa y gris sobre los vínculos afectivos, el protagonista aprovecha su trabajo como operador en una compañía telefónica para fungir como doctor corazón bajo el seudónimo de “Valentín Cansino”»
Este será otro hito importante en la obra, la figura de un confidente que no llega siquiera a ser una doctora corazón, pues no da consejos, sólo escucha, graba en casete todo un desfile de problemas que le cuentan varios personajes como la Camposantera, Sonia y un adolescente suicida, por mencionar algunos.
Decir que la novela de Alí es un monólogo descoyuntado que pasa por el sismo del ’85 y le pone el nombre de El Gigante, sería dar una respuesta pronta, casi tanto como la huida del celayense Rendón cuando sale corriendo de los escombros de su propia escritura que se le ha venido atribuyendo como de autoficción. Pareciera deslindarse, de los efectos de escribir a través de la primera persona del singular, diciendo: “Yo tenía 5 años cuando el terremoto”. La investigación parece provenir de fuentes diversas, charlas, documentales, libros del Sabio de los terremotos: Cinna Lomnitz, ensayos de Ignacio Padilla, crónicas de Poniatowska y Monsiváis, entre otros. Sin embargo, Alí remata: “el pasado es un lenguaje y la memoria un balbuceo”. 
Sobre la novela, el escritor Alfredo Carrera (premio de poesía “Desiderio Macías Silva 2017”) escribe en el prólogo:
            «Alí Rendón toma uno de esos gigantes, de esos a los que le dan la vuelta los provincianos, sobre todo, va de frente para llegar al temblor del `85 en el ex-Distrito Federal, pero desde un pueblo de Guanajuato. Lo que escuché mientras caía le da voz a Juan, que se permite contar su vida, partida y marcada por ese acontecimiento que apareció dando golpes que tocaron al país. El inicio es una anécdota que parece incidental, la pérdida de inocencia en varios sentidos, pero que le da al personaje un rasgo que detona muchos elementos de su vida. Nos entrega un personaje con una pérdida de identidad que le dicta muchas veces el camino equivocado como el correcto y en contraparte una conexión con su madre que lo lleva al rescate de poemas que marcan el pulso de la historia.
Rendón retrata una visión muy concreta de lo vivido en México en un momento y en una época, con sus consecuencias o daños colaterales que casi nunca se han explorado. El título de la novela, que de inicio podría parecer casi una decisión o capricho personal, a la vuelta de cada página, toma un significado. ¿Qué se puede escuchar mientras se va cayendo y cómo se interpreta eso? La respuesta es una novela breve, escrita desde la oralidad, esa sensación da, es la exploración de una voz, del protagonista y de Alí, que demuestra un trabajo muy serio respecto al oficio de escuchar hablar, pero sobre todo, de tener claridad sobre qué es lo que viene después en la historia. Los personajes son cercanos, cómo debe de suceder en las buenas historias, y les pasa la vida encima como a nosotros. Se agradecen los capítulos breves, el seguimiento de cada uno de los personajes, la ausencia de vacíos o silencios, la coherencia del personaje que, pueda molestarnos o no, es coherente a lo que cree, a lo que considera que es lo mejor y, me parece un punto central de la novela, la libertad que se toma para realizar lo que él considera buenas acciones, a pesar de él mismo.»
            Entonces, pues, para responder a la segunda pregunta, esa de qué se puede esperar de un autor que se dice que no es escritor, bastaría decir que Alí se encontraba de visita en la Ciudad de México este pasado martes 19 de septiembre –“septiemble” diría su protagonista Juan Chávez– cuando este novísimo Gigante del 2017 le asestó renovadas oscilaciones, una rima en la conciencia y algunos requiebros hallados en las preguntas de un par de sus conocidos quienes le dijeron: “Ahí tienes para la segunda parte de tu novela”. Y la respuesta es la que se espera de un autor quien afirma que no le conviene decirse “soy un escritor”, sino decirse en cambio “voy a escribir algo hoy”. Pero Alí no escribe nada sobre el nuevo terremoto, ni sobre aquellas personas y perros que le hacen frente al Gigante del 2017. No, escribe desde su formación como brigadista un agradecimiento porque la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México pondrá en salas de lectura algunos ejemplares de su novela. Agradece porque no se haya tomado con morbo, ni por oportunismo accidental, pues esta novela se escribió antes del pasado sismo. Fue realizada dentro del Seminario de novela “Jorge Ibargüengoitia 2015” del Fondo para las Letras Guanajuatenses que convocó el IEC y el Fondo Guanajuato, teniendo como tutor al escritor mexicano Eusebio Ruvalcaba (q.e.p.d.), a quien dedica Alí su obra.
            Para responder a la última pregunta de las planteadas al inicio, esa de qué esperar de una obra que transita por el sismo del ‘85 ahora que otro sismo nos quebranta la esperanza, bastaría hacer un acopio de esta novela y otras obras, no sólo de la narrativa, sino también del ensayo, de la crónica, y por supuesto de la poesía; Juan Villoro ya nos entregó un videopoema sobre el nuevo terremoto con la misma pasión con que David Huerta nos había dado su poema sobre los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. La respuesta entonces quedará en manos de los lectores inquietos que se introducen a las obras llenos de preguntas y salen con el descubrimiento de que el autor será siempre un fiel compañero de dudas.
            Destaco, por último, sin ser menos importante, la presencia estética de la poesía durante la novela, ya sea en la oralidad del discurso narrativo que pasa por los neologismos y otras invenciones sobre la palabra –como aquel “septiemble”- o en la transcripción directa de los poemas que Betty Novaro, madre del protagonista, escribía.
Debo decir que estamos ante una novela fragmentaria (sus capítulos son muy breves, hay uno de sólo tres renglones), y asimétrica (las 3 partes que la componen tienen un tamaño desigual) que apuesta por constituir una de esas novelas en las que la fuerza no está supeditada a lo que sucede, sino a una especie de emoción regente que las cimenta como un pilote que quizá quede indemne tras una serie de fuertes sacudidas como estas últimas que ha venido conmocionando a todo el país.

*Alí Rendón (Celaya, 1980). Narrador y poeta, autor del libro de cuentos La realidad con capacidades diferentes (Pictographia-INBA-Conaculta, 2013). Recibió el premio del Festival Internacional de Escritores y Literatura San Miguel de Allende 2016 en la categoría Minificción. Beneficiario del PECDA en 2010. Ha publicado en la revista Playboy y en antologías de cuento y poesía. Parte de su obra ha sido traducida al polaco y utilizada en Polonia Imaginada, trabajo postdoctoral de la dra. Maja Zawierzeniec (Univ. Varsovia, 2009), y en la tesis Movimiento y metáfora: narrativa sobre la migración mexicana de la época Pos-Gatekeeper de la dra. Ruth Brown (Univ. de Kentucky, 2013). Recientemente fue seleccionado en Territorio Ficción, antología de narradores mexicanos menores de 40 años, publicada por la SEP para distribuirse en las escuelas normales de todo el país. Lo que escuché mientras caía es su primera novela. Tuitea desde la cuenta @espectronico.


**Elizabeth Vargas Quince (Austin, 1977). Artista conceptual y escritora. Le gusta redactar cuartas de forros para libros de narrativa y poesía. Se dedica al periodismo cultural.

***Texto publicado en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

domingo, 12 de noviembre de 2017

BOCAS QUE DICEN NUESTROS NOMBRES


BOCAS QUE DICEN NUESTROS NOMBRES
-2a. Parte-

Desde hace un tiempo están allí incólumes, pacientes, esperando. Poco notamos su presencia, su llamado. ¿Qué apuro tienen? ¿Por qué desesperar? La tranquilidad de quien ya ha ganado una batalla, una guerra, reflejan sus rostros.
Nos observan, acechan desde lo anónimo.
Podemos oírlas, cuántas noches sin dormir, cuántas veces las vimos ahí frente a frente o las espiamos desde lejos sin querer. “No me van a vencer, yo no soy de esa clase”, dijimos todos.
¿Qué harán cuando solas y vacías esperen el ritual? Pasos aplastados, almas quebradas, abrazos que no son, la vanidad de un suspiro, pero siguen allí, observando desde la espesura del corazón.
Hoy te tocó a vos, mañana a mí, pude sentirlas elevando su voz, con un grito demencial, las sentí alrededor y desperté empapado en sudor. El sonido se acerca, tal vez no escaparé, ayer sentí el tuyo también, hoy ya todo terminó, el silencio ganado a fuerza de cavar y tapar.
Siempre supe que las bocas que dicen nuestros nombres saciarían su sed.
Mañana vendrán por ti y dirán inclementes: Q.E.P.D.
Joselo Marinozzi
(Argentina)

++++++++++++++++++++++++++++++


BOCAS QUE DICEN NUESTROS NOMBRES
Alan Varelas

Para seguir en la noria
a la que llaman amor,
amén de tener valor
se ocupa mala memoria,
pues para una nueva historia,
hoja blanca, blanco augura.
Curarse de lo que cura
es difícil sin igual;
¡Cuando la miel causa el mal
tinta es que mucho perdura!
Quedará en alguna boca
tu nombre como una flor
o (cual Midas por autor)
en otras como una roca.
Peso o pétalo nos toca
ser cuando el fruto madura,
al llegar la hora más dura
¿de qué forma nos iremos?
¿En el viento danzaremos
o será caída oscura?
Nos añoran, nos maldicen,
(natural, si en este juego
habitan la paz y el fuego)
nos blasfeman, nos bendicen.
Las santas bocas que aún dicen
nuestros nombres en el alba
sacrificando su calma
-las que renunciando a amar
olvidaron olvidar-
de morir ellas nos salvan.

+++++++++++++++++++++++++++

INEVITABLE
María Guadalupe Rivera Núñez

A través del baldío,
el viento trajo las ausencias
que traspasan
las paredes de mi casa.
Sus voces salen
de los muros
y toman los relatos
que patean la pelota
olvidada en el jardín.
El silencio se pasma
en el mezcal
que quema mi sangre.
Voy tras el blues
de mis pasos,
mientras el último llamado
escribe mi nombre
sobre una lápida.



FALTAN…
Sandra Morales Vázquez

Yo también soy testigo de que he muerto,
has muerto tú al cabo de los siglos,
dejaste un silencio de lluvia
impregnado al trote suave
de un mes sin horas.
Aún tengo húmedos los nervios
y la carne más desnuda,
la memoria sigue sangrando,
manosea versos sin terminar.
Estoy huérfana de sol,
fragmento de aquellos dedos soy
en mi ciudad de agua,
fragmento a cielo abierto.
Los ojos yacen sobre mi cara,
símbolo de re-encarnaciones
constantes y antiguas.
Faltan tus labios donde naufragué
al darme tierra.
Falta a ras de la insolencia mi ausente,
la frase larga repitiéndose,
falta el fuego de bocas
que dicen nuestros nombres en el aire,
al refugiarse. Falta.
Falta ese eco armado ya de frío
para salvar el alma…

+++++++++++++++++++++++++++++

ECOS
Gilda García

Poco a poco tus ojos de cristal verde se esfuman,
las gotas de agua de mar mojan mi interior.
Un estallido de fuegos artificiales me dejan absorta.
Tus últimas palabras coronan mi silencio.
¿Por qué no estás?
Sé que las bocas que dicen nuestros nombres
solo murmuran y dejan ecos discontinuos,
pero yo te llamo, aún te busco en medio de la negritud.
Por más que huyamos la evocación de sinsentidos nos une.
Esa nota aguda en el piano destruye mi ensoñación,
y es cuando tu mano se suelta de la mía sin fuerza.
Tus pies descalzos dejan una marca en mi territorio.
Sé que no has hallado el camino de los girasoles.
Esas flores que ahora no tienen el mismo significado.
Por lo pronto deletreo tu cabello en mis horas.
Aún está tibio el café de la tarde.
Sin ti ya no puedo soñar.
Las imágenes no son figuras veladas.
Todo ha vuelto a enfundarse de simple realidad.



TODOS LOS DÍAS
Ricardo Pérez Campos

Todos los días/apenas despertar
derrama sobre mi almohada la miel de sus enormes ojos
Me mira intensamente
Acaricia mi cabello en silencio/Sonríe
A mitad de la mañana/le contemplo
Quita un mechón castaño que cubre sus ojos pequeños
Su mirada parece gris/también olivo/pero ambas y ninguna
Su sonrisa es una mueca triste
Su pálida belleza –luna radiante de mis noches oscuras–
dice a gritos que me ama
eso me asusta
A veces quiero huir del espejo de sus ojos de obsidiana
Su voz es una súplica:
“Quiero que me sostengas en la paz de tus abrazos
que las dagas de tus besos marquen mi piel morena
que hagan tajos de mi mapa
que vuelvas a mí/como en el principio de los tiempos
que me explores siempre
que sacies tu sed y tu curiosidad
en el manantial de infinita frescura donde nacen mis besos ”
Café/negro/gris/miel/azul/pasto seco
Todos los días cambian sus ojos/su cabello
Sus labios/el color de su piel/el tono de su voz
Son diferentes a cada instante
y siempre son las mismas almas
las mismas bocas
que dicen nuestros nombres
con la costra del amor apretando su garganta
La noche me observa con su ojo bien abierto
me juzga/me desprecia/me llama cobarde
intento escapar/caigo rendido de cansancio
los huesos y los músculos agotados de luchar
de correr en círculos con los puños y los dientes apretados
El sueño me vence y al despertar se vuelve a repetir la historia
Todos los días la misma historia
en un continuum eterno
incontenible/inagotable…

++++++++++++++++++++++++++++++


DESPERTARÁ
A Mane, In memoriam
José Luz Sierra Enríquez

Mamá: ¿Por qué no despierta mi papi?, salió el sol, él no duerme de día.Mi mamamía no deja de llorar, lleva la mañana abrazada a esa caja color de tierra, sí, esa donde él duerme, ese mueble frío y feo que huele a panteón. Corta una flor del ramo que pusieron encima, guárdala, te la regalo, ya no llores, huele bonito, no como este lugar extraño y sin muebles, solo sillas y una mesa donde hay café, estaría más cómodo en la cama, en la casa que es de nosotros; también tengo sueño y quisiera que me subieran donde se encuentra él, un ratito nada más y luego lo despierto. Tita: no tardará en levantarse, le he hablado para que se despierte, casi en silencio con murmullos, como hablan todos aquí. No sé, si me escucha, por qué no le alcanzo a ver, hace rato mi tía me alzó para verlo y lo miré raro, como tú cuando te maquillas, es el polvo o el humo de esas velas grandotas que pusieron, quítalas a de tener calor. Le vi la cara muy blanca, está vestido de traje, no lo regañes si se le arruga, luego se lo planchamos. Mamá, no llores, él despertará.

+++++++++++++++++++++++++++++++

DOS MUERTES
Claudia Paola Martínez Klug

Lluvia, Otoño, Soledad: son los nombres que me has dado.
Lluvia, por llorar en las noches tristes a tu lado.
Otoño, por morir contigo cada que tus hojas caían marchitas a tus pies.
Soledad, por cada madrugada en que te ausentabas de ti mismo perdiéndonos a ambos en la oscuridad.
Hoy ya no hay más nombres, ni noches de lluvia.
Hoy ya no hay más nombres, ni muertes carmín.
Hoy ya no hay más nombres, ni madrugadas, ni ausencias.
En mis manos quedan solo las máscaras, los recuerdos rotos, las palabras huecas.
El vacío que se niega a nombrarse a sí mismo. ¿Cómo podríamos llamar a nuestra muerte?
¿Cómo podríamos llamar a nuestro fin?
El silencio nos ha cubierto, en él no hay redención, ni sinfonías.
Solo nuestros labios entreabiertos con palabras convertidas en espectros que se deslizan más allá de nuestros dientes, hasta llegar a nuestras lenguas, hasta congelar nuestro corazón que angustiosamente esperaba el último beso, el último adiós.
Mi nombre es nada,
tu nombre es siempre.
Nuestro nombre es nunca.




BOCAS QUE DICEN NUESTROS NOMBRES
Marco Antonio Regalado

Bocas
cientos de bocas
por todas partes bocas
y distintas lenguas
y distintas palabras
en ciertos instantes
todas las bocas
de nuestras vidas
emiten sentencias
como oráculos
de nuestro destino
bocas que dicen nuestro nombre
y otras nuestro olvido
bocas que nos hablan como niños
y otras que nos hablan como ancianos
bocas que dicen saber todo de nosotros
y bocas donde se aloja
nuestro nombre
nuestro olvido
nuestra muerte.

+++++++++++++++++++++++



*Bocas que dicen nuestros nombres nació por iniciativa del poeta Martín Campa a través de nuestro taller virtual en FB. Con la participación de diez mujeres y diez hombres, en dos partes. 

**Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto. 

domingo, 5 de noviembre de 2017

BOCAS QUE DICEN NUESTROS NOMBRES


BOCAS QUE DICEN NUESTROS NOMBRES
-1ra. Parte-


Largos han sido nuestros pasos por el mundo, eternas nuestras historias. En el trayecto, varios ojos han mirado a los nuestros, muchas pieles han rozado nuestra piel y muchos susurros nos han llegado con el viento. Nuestros nombres han sido pronunciados por muchas bocas: nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amantes, nuestros hijos.
Nuestro nombre nos ha acompañado desde que nacimos, nos acompañará hasta que nuestros ojos se cierren entre la luz de las veladoras y los pétalos de la cempaxúchitl. Es la sombra que vive en nosotros, el ánima que nos debilita o fortalece. Anteriormente el nombre de las personas tenía más importancia, si no era lo suficientemente fuerte, espiritual y llevaba en cada letra un contenido repleto de la magia antigua, nuestra vida mortal y la que seguía estaba condenada. El nombre contenía al alma y si no era capaz de hacerlo, esta se desparramaba por la eternidad. El nombre era el cascarón, la muralla, los cimientos de nuestra alma.
Muchos te han nombrado, muchos más llegarán a hacerlo en tu camino. Cada boca que lo pronuncie estará llamando a tu corazón -sea que lo sepa o no-.
Cuida a los labios que conocen el interior de tu pecho, cuida los nombres de aquellos a quienes amas porque el que no te nombra, te olvida y si te olvidan, entonces morirás.
Paola Klug

+++++++++++++++++++++++++++++

JORNADA I
Flor Aguilera Navarrete

Regresar al oficio,
al juego interminable de palabras mal hechas.
Esta sucia tarea de limpiar,
de sacar la mugre de las letras,
la mierda que nubla,
la idea que se atasca entre lo que no sirve.
Abrir la oficina de nuevo,
como mil veces lo hice antes,
quizá antes de que yo misma naciera,
antes de que esto fuera mundo,
antes de que la palabra existiera
y nadie tuviera qué corregir porque nada había.
Abrir las persianas y dejar al descubierto la repetición,
la pila de papeles con manchas rojas
que exponen mi indigencia en símbolos paralelos.
Acercarme al párrafo es querer aniquilar la eternidad,
la falsa palabra
que venden por montones.

++++++++++++++++++++++++++++

SILENCIOS INMORTALES
Verónica Salazar García

Se guarda silencio en los sentimientos,
nada por decir, solo el viento que pasa grita.
Ese sonido invade la soledad
que se desgrana en el corazón.
Tu nombre quedó tatuado
en la inmortalidad de mis sentimientos.
Tus besos bebieron mi aliento y se congelaron,
las bocas que dicen nuestros nombres
callaron para no agrandar el dolor de la ausencia.




LIENZOS
Soco Uribe

En la oscuridad de su recámara, María escucha una voz que le susurra al oído frases que la inquietan. Despega la cabeza de su almohada y voltea hacia todos lados. Lo único que logra ver es la sombra de la cortina de la ventana que propina sin clemencia una serie de latigazos al cristal. Piensa que estaba soñando cuando esa voz la despertó. Se acomoda de nuevo en su cama, pero ahora boca abajo. Cubre su cuerpo con la ligera sábana de color lila y vuelve a conciliar el sueño. De nuevo, la inquietante voz emite frases inquisidoras que hieren su corazón, paralizan sus sentidos, la insensibilizan y de esta forma dirigen su vida hacia una zozobra constante y desmedida.
Esta vez, se incorpora, cierra la ventana y pregunta con voz sollozante:
-¿Quién eres, qué quieres de mí?
-Soy tu peor enemigo. Quien roba tus motivos de vida.
-Pero, ¿te conozco?
-No, aunque desde tu nacimiento estoy a tu lado. Soy el que te toma de la mano y te transporta hasta mis infiernos.
-¡Ah, maldito! Empiezo a reconocerte. ¿Eres quien me habla cuando más tranquila estoy y lo arruinas todo?
-Así es. Deseas abandonarme continuamente, pero no permito que me dejes.
-¡Yo!, ¿dejarte a ti? No entiendo. Si tú mismo has dicho que me tienes atrapada.
-Sí, pero mi batalla contigo es constante. Mi alimento es tu sufrimiento, y éste mi recompensa. Tu nombre sale de mi boca a cada instante. Estoy cansado y tú eres la única persona que la puedes acallar.
-¡Maldita sea! Eres la voz que me llama por mi nombre. Pero, no me has dicho el tuyo.
-Me llamo Menosprecio.
María abrió de nuevo la ventana de su habitación. Subió hasta la cornisa y su largo camisón color de rosa salió volando junto a los lienzos color lila de las cortinas.

+++++++++++++++++++++++++

ENTRE SILENCIOS
Laura Margarita Medina

El encuentro fue casual, inesperado.
Me bebí de un sorbo tu mirada.
Te presentí mío, en la cercanía.
Un aroma a promesa me envolvió.
Te arrulle en mi pensamiento,
el insomnio convirtió la luna en sol.
Dibujé siluetas de amor en el recuerdo.
Te reviví mil veces.
Escuché los latidos de tu corazón
que, unido al mío,
fueron como bocas que dicen nuestros nombres.


EN VOZ ABSOLUTA
María Rita

Bocas que dicen nuestros nombres con generosos alientos,
en la búsqueda incesante del timón perdido.
Porque fascinante es la esencia en increpante ilusión,
y de la mano con absolutos y fastuosos discursos perdidos en el corazón.
En su boca yace la esencia por estar apasionados en el contrario mundo.
Porque hubo quien probó tu boca en el mosto de tu piel apiñonada,
en ese hermoso camino de los pies a la cabeza.
Sin abrir su boca en su descubrir del resplandor del sol de cada mañana.
Fascinantes y enigmáticas las bocas que dicen nuestros nombres.
En semillas de maíz fueron resumidas en un solo fin universal
de corazones guerreros en la lucha de las palabras de sus bocas.
Ante una voz caída emergente son sus pies preparados llegó la reflexión,
más humanos en la tristeza de perder una ilusión.
Sin embargo en la luz rebosante de sur perdido aparece su voz,
porque de las bocas que dicen nuestros nombres
han de venir nuestra salvación en el imperante mundo de acero
y ellos tendrán la solución venida de lo más profundo de su ser.
Y plantados en la tierra emergerá una zozobra con ayuda del Creador,
ofreciendo el ritual emitido de las bocas que dicen nuestros nombres
en sabiduría heredada en las creencias que se harán presentes.
Mas ustedes serán el borbolleo de la añoranza
porque son hijos del destino osados atrevidos por ser dignos de sus bocas
en la verdad entrañable por hacer frente a la palabra.
En las bocas que dicen nuestros nombres en sinceras voces mi ser alienta,
con triunfo apaciguador, conciliador y edificador a mi voz alienta.

++++++++++++++++++++++++++++++

TRISTEZA ALEGRE
Bertha Cárdenas

Las bocas dicen nuestros nombres,
mienten y yo por dentro río.
No me fijo en melindres
ni suelto carrete para habladurías.
Parezco débil, mas tengo la fuerza de un roble.
Puse la mejilla y me abofetearon,
benévola puse la otra y fui abofeteada.
No hay tercera vez
pues nadamas tengo dos mejillas.
Aguanto carros y carretas,
coso sin hilo grandes puntadas,
un tergal de pensamientos de colores.
La cadencia de mi cara denota tristeza
pero soy feliz,
pues soy terca y me brinco las trancas.
No subestimes una cara triste.



CUANDO CAÍAN MÁS ESTRELLAS QUE HOY
José Luis Calderón Vela

Cada vez que las miro esas paredes blancas atropellan mi infancia con un carruaje hecho de ayeres.
¿Dónde quedarían esos adobes que mi hermana se comía a pedazos?
¿Dónde el barro de aquel patio que cada vez se hacía menos grande y que los tíos, hijos de mi abuelo, tendían por cama para secar lazos?
Desde entonces cualquier café me sabe a olor de noche oscura; a tierra de corral húmeda, a tropel de niños y muchachos, a chile asado en comal de barro, a gallinero, a perro y a pato, a visita de un padre lejano llegando de improviso, a trenzas de muchachas en flor ansiando ser cortadas, a noche helada cuando caían más estrellas que hoy.
Las bocas que dicen nuestros nombres, las de mis abuelos, padres y hermanos, hace tanto que se extraviaron.
Unos han muerto y otros han partido, tal vez para sembrar en sus hijos los recuerdos de esa casa que ya no existe; que he mostrado veinte veces a mis hijos, que otras mil yo he mirado, que para nadie jamás es un recuerdo pero que yo aún conservo en mis manos.
Las bocas que dicen nuestros nombres, las extraño en el trote del pasillo largo y en el galope del corral ancho.

++++++++++++++++++++++++++

LAS INCONGRUENCIAS DEL SIN TI
Víctor Manuel

Viajemos en barco a Bolivia.
Caminemos por el océano y lleguemos al polo central.
Tomemos un autobús a Marte. Un cohete al centro de la tierra.
Quiero subir contigo el Everest en moto.
Hacer salto base desde una roca.
Surfear en el desierto
y conducir por un volcán.
Seamos un huracán a la mitad de África.
Un tornado en el ártico.
Que las Bahamas sean potencia mundial
y nuestras vacaciones sean de por vida.
Que las guerras sean de paz;
las balas, letras;
los misiles, lenguas;
y las armas libros.
Que las bocas que dicen nuestros nombres se mueran y los viajes sean directo a uno mismo.
Quememos la historia del mañana
y el futuro del pasado que es hoy
hay que llenarlo de lágrimas de recuerdo.
Que los que viven a ras del suelo
se enfurezcan al vernos volar sobre su egoísmo.
Y los demonios con sus pancartas mueran ahogados en rencor.
Vengo desde Júpiter
de buscar el diamante más hermoso.
Pasé por un poco de polvo de estrella
y que en Venus lo conviertas en luna.
Que contigo la muerte
solo es una puerta a la eternidad
al infinito
y a tu lado.
Te estaré esperando.
Estoy aquí y sin ti, solo estoy.

+++++++++++++++++++++++


DESDE EL INICIO DE LOS TIEMPOS
Diana Alejandra Aboytes Martínez

A los que el amor
nos niega tres veces
antes de que el gallo cante.
Y nos cuelga
de una de las ramas de la noche
hasta que el vacío nos ahorca.
Comemos la manzana
que Adán tiró en el camino
pero su fruto termina
mordiéndonos los labios.
Entonces,
desde el inicio y el final de los tiempos
enfermos de palabras
con fiebre y en delirio
escribimos versos en el viento
y nos creemos poetas.

++++++++++++++++++++++++++++



*Bocas que dicen nuestros nombres nació por iniciativa del poeta Martín Campa a través de nuestro taller virtual en FB. Con la participación de diez mujeres y diez hombres, en dos partes. 

DE TERREMOTOS EN LA ESCRITURA

DE TERREMOTOS EN LA ESCRITURA -Sobre la novela de Alí Rendón,  Lo que escuché mientras caía - Por Elizabeth Vargas Quince ¿Qué ...